Del pueblo sin pista
al podio mundial
Nací en Sopela en 2003, un pueblo costero de Bizkaia que no tiene pista de atletismo. Mi velocidad no nació de tener las mejores instalaciones desde el primer día, sino de todo lo contrario: kilómetros de más, entrenamientos partidos mañana y tarde, y desplazarme cada día para poder pisar una pista.
Detrás de la foto de meta hay años de sacrificio, renuncias personales y esfuerzo. Esa es la materia prima con la que se construye un velocista de 400 metros: la prueba más exigente del sprint, donde la potencia se encuentra con la resistencia y no hay ni un metro para relajarse.
Mentalidad de alto rendimiento, dentro y fuera de la pista.
Hoy compito con el FC Barcelona al máximo nivel, pero sigo corriendo con la misma mentalidad del chaval de Sopela: trabajo, hambre y ambición. Esos son los valores que llevo a cada carrera, y también los que aporto a cualquier marca que quiera asociar su nombre al esfuerzo bien hecho.




