Ya os conté que este curso estudio posicionamiento SEO y SEM. Como es un mundo que me interesa de verdad y que puede acabar siendo mi trabajo, quiero contaros algo que está cambiando muy rápido y que casi nadie fuera del sector tiene en el radar: además del SEO y el SEM de siempre, ha entrado en juego el GEO.
Qué son el SEO y el SEM
Si tienes un negocio hoy y no apareces en internet, para mucha gente es casi como no existir. Ahí entran dos cosas.
El SEO es aparecer en Google de forma natural, sin pagar. Trabajas tu web y tus contenidos para que, cuando alguien busca lo que tú ofreces, salgas arriba. Es lento y exige constancia, pero a largo plazo es lo más rentable.
El SEM es la parte de pago. Son esos resultados marcados como «patrocinado» que ves arriba del todo. Si tienes presupuesto, te da visibilidad casi inmediata mientras el SEO madura. Uno no quita al otro: lo normal es combinarlos según el dinero que tengas.
Y ahora aparece el GEO
Aquí está la novedad. Cada vez más gente ya no busca en Google: le pregunta directamente a una IA como ChatGPT, Gemini o Perplexity, o lee ese resumen que la propia Google pone con inteligencia artificial encima de los resultados. Y en esas respuestas no hay diez enlaces para elegir: la IA da una respuesta y, como mucho, cita un par de fuentes.
El GEO (Generative Engine Optimization) es justo eso: trabajar para que tu marca sea la que la IA menciona y recomienda cuando alguien pregunta por tu sector. Si el SEO era pelear por salir el primero en una lista, el GEO es pelear por ser el nombre que la IA suelta cuando le preguntan.
Cómo se mejora el GEO
Hay un dato que sorprende: la mayoría de las veces que una IA menciona a una empresa no lo saca de la web de esa empresa, sino de lo que se dice de ella por ahí fuera. Reseñas, artículos, foros, menciones en medios. Por eso el GEO va menos de trucos técnicos y más de reputación. Aun así, algunas cosas ayudan bastante:
- Responder claro y directo a las preguntas que hace la gente de verdad, y hacerlo al principio del texto, no al final.
- Ordenar bien el contenido, con títulos en forma de pregunta y un apartado de dudas frecuentes.
- Aportar datos propios y citar fuentes fiables: la IA se fía más de lo que está respaldado.
- Firmar los contenidos con nombre y credenciales, no como una marca anónima.
- Mantenerlo actualizado, porque lo que lleva meses sin tocarse pierde presencia.
- Y, sobre todo, conseguir que se hable de ti en sitios de confianza. Que otros te mencionen vale más que lo que tú digas de ti mismo.
Aquí es donde entramos los de marketing
Casi ninguna empresa tiene el tiempo ni el conocimiento para estar encima de todo esto. Y ahí es donde entra gente formada en marketing digital, que es hacia donde voy yo. El trabajo consiste en analizar cómo aparece hoy una empresa (o cómo no aparece), entender qué buscan sus clientes, preparar la web y los contenidos para que Google y las IAs la tengan en cuenta, y medir si de verdad está ganando visibilidad. Dicho fácil: ayudar a que un negocio sea sencillo de encontrar, tanto para una persona como para una máquina.
Puede sonar muy técnico, pero al final es bastante lógico: el sitio donde la gente busca ha cambiado, y quien quiera vender algo tiene que estar donde se busca. Me parece un mundo que engancha y, si acabo dedicándome a esto, os lo iré contando desde dentro.
Nos vemos en la siguiente.
— Markel Fernández Soto. Atleta de 400m.
